Año nuevo, vida nueva

Diciembre es siempre un mes extraño para muchos; ahí me incluyo yo. Es un mes frío, pero la gente es más cercana que nunca. Las calles se llenan de luz, sonido, niños sonriendo, reyes magos repartiendo ilusión…y por dentro, nosotros, nos sentimos raros. Se supone que es un mes de alegría, de felicidad, pero para muchos, este mes de diciembre, es un mes de reflexión. Echo la vista atrás y a pocos de días de despedir este maravilloso 2007, tengo miedo de que caiga en el olvido, de que de alguna manera desaparezca de mi mente, que venga una fuerza malvada y me borre los recuerdos.

 

A pocos días de terminar el año hago balance de lo bueno y de lo malo, y la verdad es que encuentro demasiadas cosas buenas, y sólo una mala: el haber vuelto a Madrid. Me pregunto qué hacía hoy mismo hace justo un año, y la respuesta es estar de compras con mis amigos y organizar cenas navideñas de despedida. Y hoy, ¿qué hago? Estar estresada con una universidad que no me deja tiempo para vivir.

 

Estar de Erasmus es algo maravilloso, sólo sabes lo qué es cuando lo vives. Cuando vives esa amistad que nace más allá de las barreras lingüísticas o culturales, esa amistad que va más allá de las fronteras. Es difícil dejar atrás todo eso. Puede sonar muy dramático, pero en la vida de todo estudiante Erasmus hay un antes y un después. Mi rutina este año es madrugar, ir a clase, más clase, y más clase. Mi rutina el año pasado también tenía clases, pero era distinto. Después de clase llegaba la vuelta a la residencia, donde me pasaba dos horas saludando a la gente antes de subir a mi habitación. Ahora vuelvo a mi casa y lo único que me esperan son deberes. Con la Erasmus he cambiado mucho, he madurado, he abierto los ojos al mundo, y ahora, tengo ganas de hacer cosas. Supongo que si me hubiera quedado en España, mis ansias por volver a escapar no serían tan grandes. Pero ahora, como ya os conté la última vez, sólo pienso en volver a irme, en vivir mi vida de otra manera.

 

En esta época todo el mundo hace listas de propósitos para el año nuevo. Yo no voy a ser menos. Sin embargo, este año no incluirá cosas como «ir al gimnasio» o «estudiar más», sino que va a haber un único propósito, más difícil si cabe que los anteriores: superar mi post-erasmus. Ya he dicho alguna vez que haberme ido de Erasmus es lo mejor que me ha pasado en toda mi vida, pero no se puede vivir del recuerdo. No puedo vivir como un alma en pena, pensando en mi Erasmus en cada momento. No puedo salir con mis amigos y tener la cabeza en otro sitio, en otra ciudad, en otro país. No puedo, ya no. Es ahora de asumir que todo se ha acabado, que fue bonito mientras duró, y que ahora toca seguir adelante. Durante mi año Erasmus he aprendido muchísimas cosas que me acompañarán toda mi vida, cosas que ya son parte de mí. Todo lo que he madurado, el abrirme los ojos, todo eso me va a ayudar mucho, y eso es lo que hay que tener en cuenta.  No se es Erasmus un año, se es Erasmus toda una vida.

 

Dicen que de ilusiones también se vive, pero yo creo que sólo puedes hacerlo un tiempo. Yo ya he estado cuatro meses engañándome a mí misma, pensando que aún estaba fuera. Creo que ha sido tiempo suficiente. Así que esta vez lo de «año nuevo, vida nueva» parece que va a ser cierto, y que algo en mí va a cambiar. Ya os contaré qué tal.

 

Me llamo Aída y siempre contaré los días que llevo sin ser Erasmus.

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