Exámenes de Traducción ¿con o sin Diccionario?

¿Alguien se ha parado a pensar que sería del traductor sin diccionarios, glosarios, bases de datos, enciclopedias, gramáticas o simplemente sin Internet? ¿Traduciría igual? ¿Su ritmo de trabajo disminuiría o se aceleraría? ¿Traduciría TODO con la precisión que debiera? ¿Sería capaz de descifrar textos con un grado muy alto de especialización?

Solemos prometérnoslas muy felices con todas estas herramientas; nos encontramos muy seguros en casa, en bata o en chándal, con nuestro calefactor al lado, sentados delante del portátil y con todo lo necesario a nuestro alrededor, a veces incluso ocultos tras una montaña de diccionarios y enciclopedias que nos dan cobijo. Así poco nos importa que en clase nos echen textos literarios, textos jurídicos, textos sobre cardiopatías vasculares, sobre oftalmología, o folletos turísticos para traducir, pues mejor o peor saldremos del paso.

Solemos pensar que con los instrumentos adecuados, llegado el momento, podremos suplir nuestras carencias ya sean del tipo que sean: léxicas, gramaticales, estilísticas etc.; no importa, tarde o temprano encontraremos la solución a nuestro problema en algún lugar recóndito de la red o en el diccionario menos esperado.

Es cierto que existe esta “dependencia” entre el traductor y sus herramientas de trabajo, pues son las que le ayudan a resolver problemas de compresión como problemas léxicos, y sobre todo las que le ayudan a solventar sus dudas y elegir entre las posibles soluciones que se le plantean.

Todavía no conozco a ningún traductor o intérprete que no se sirva de un mero diccionario bilingüe o que no se documente antes de llevar a cabo su trabajo; eso sería como tirarse a una piscina sin agua o como tirarse de un avión sin paracaídas: el tortazo es seguro.

Por eso, después de un año o dos años de estudios en traducción, donde tus profesores y tú ya habéis afianzado esa dependencia, una se sorprende y se lleva las manos a la cabeza cuando un buen día lee en el programa de la asignatura: “el 50% de la nota final constará de un examen de traducción SIN DICCIONARIO” (y para que no quepa la menor duda estas dos últimas palabras van en mayúscula, en negrita y subrayadas). Entonces en tu cabeza se enciende la luz de alarma y oyes a los asistentes de vuelo y al capitán del avión decir “señoras y señores abróchense bien los cinturones, pónganse el chaleco salvavidas y respiren hondo, hemos perdido el control del aparato”.

¡¿Cómo vas a traducir sin al menos un simple diccionario pequeñito de bolsillo?! ¿Ni siquiera con uno de esos del Tulipán?, ¿Acaso le piden a un carpintero que trabaje sin serrucho? ¿Le piden a un herrero que trabaje sin martillo? ¿O a un cirujano sin bisturí?

Tu indignación, tu ansiedad y tu miedo son tales que entonces, con la esperanza de que haya sido un error, te diriges al profesor, y temblorosa, con las manos empapadas de sudor y con la voz entrecortada, le preguntas muy amablemente la mayor obviedad del siglo: “¿Perdone, el examen de traducción es sin diccionario?” Y el profesor con una mirada oscura y fría te responde rotundamente: “¿Señorita ha leído usted el programa de la asignatura?”. Bien, eso es todo lo que necesitabas saber, por lo que te vuelves a tu sitio pensando cómo demonios te vas a convertir en un diccionario con patas de aquí a nueve meses.

Los argumentos suelen ser bastante comprensivos y coherentes: “necesitamos manejarnos sin diccionarios y aprender a resolver solos las dudas y los problemas”, “en una prueba de traducción para una empresa no vas a tener diccionario (depende de para cuál)”, “los diccionarios no traducen, traducen los traductores, si no tu primo de 10 años puede hacer el trabajo por ti”…

Los entendemos y entendemos los que nos quieren decir, pero seguimos pensando que un traductor no traduce sin herramientas, que las necesita aunque solo sean para consulta.

¿Qué ocurre si te encuentras con una palabra clave que no entiendes, que no has visto en toda tu vida? ¿Te la inventas? ¿La eliminas?, ¿Qué pasa si el tema es tan especializado que no sabes nada de nada? ¿Qué pasa si no conoces al escritor que estás traduciendo, a qué época pertenece? ¿Con qué estilo o con qué registro lo traduces?

Ante todas estas cuestiones cabe preguntarse una cuestión aún mayor, que concierne tanto a profesores como a alumnos: ¿Sólo evaluamos con un examen final? O ¿por qué este examen final es el que decide si apruebas o suspendes si te has pasado todo el año trabajando y haciendo el resto de trabajos?

Se puede entender que sea sin diccionario, pero que ese examen final sea el que decida tu destino en esa asignatura ya es algo más cuestionable.

En fin, de momento no nos queda otra que estudiar y estudiar y ser cada vez más competentes en nuestros idiomas, y por supuesto, rezar para que nos toque un texto con el que nos podamos defender, pues en el día señalado nos encontraremos solos ante el papel😛

¡Un Saludo!

Inma

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