Dichosa matrícula…

Ahora que he acabado la carrera, miro hacia atrás y me río de algunas cosas que antes no me hacían gracia, o simplemente sigo amargada por cosas que en su día también me tocaron las narices.En artículos anteriores ya hemos hablado y requetehablado de lo mal que nos llevamos unos alumnos con otros, por eso no lo voy a mencionar, además pasa en las mejores familias. Me gustaría hablar, en los artículos que voy a publicar, de los problemas que me he encontrado a lo largo de la carrera y que todos hemos vivido alguna vez (bueno, fue una idea de Oliver, ese pequeño gran hombre). Espero hablar de problemas como las faltas de los profesores, las disputas entre ellos o, como es el caso en este artículo, sobre la matrícula.

Es necesario distinguir entre la primera matrícula y las demás (da igual cuántas hayamos echo a lo largo de la carrera, todas son parecidas). La primera vez que nos matriculamos y vemos ese papel (en mi caso naranja con casillas a rellenar, nada de cruces o puntos, hay que pintarlas como si fuéramos niños) nos preguntamos llenos de odio y miedo ¿por qué demonios no hay una asignatura en 2º de bachillerato sobre el arte de cubrir la matrícula universitaria? Si lo pensáis bien, se parece a la del selectivo, así que sería una asignatura rentable, de la que todos aprenderíamos algo. Que si números por aquí, letras por allí, mirar al dorso si has puesto bien la profesión del padre… ¿Autónomo? ¿Empresario? Pero la gran innovación es lo de AMA DE CASA. Personalmente, me encanta. Es una profesión por fin reconocida. Ese es otro tema. Yo tuve la suerte de tener a una amiga que ya se había matriculado en la uni, así que me ayudó mucho, me salvó la vida, para qué negarlo. En otras ocasiones, yo fui la que salvó la vida de otros estudiantes. Seguro que os pasó a todos.

Las demás matrículas se podrían dividir entre otras muchas categorías, al fin y al cabo cada matrícula es una odisea. Llamar para reservar un día y una hora para matricularse (?!?), y luego, el día esperado y ansiado, hacer cola para matricularte y descubrir que la materia de libre elección que tanto deseabas coger, bien porque es fácil aprobar, bien simplemente porque te gusta, está llena y no hay más hueco. Te acuerdas de los muertos de todos los funcionarios de la universidad.

-Es que no he escogido otra materia -dices inocente, cabreado y nervioso.

-Pues decide y ponte a la cola otra vez.

«************» Eso es lo que pensamos todos, no lo neguéis.

Vuelta atrás y mirar qué clase nos coincide mejor para no tener tres en la misma hora y el mismo día y que, además, nos guste mínimamente. Así acabamos por coger cosas como literaturas de los terceros idiomas, o historia de tal país, o tal sitio, o tal cosa, o economía aplicada a no sé qué… En fin, materias que en nuestro sano juicio no cogeríamos ni de guasa. Pero allí estamos, con estudiantes de otras carreras, y no siempre de filología, que al fin y al cabo es la que más se aproxima a la nuestra.

El que no ha pasado por todo esto, no ha estudiado en la universidad, nunca, por lo menos no en la pública de nuestro tiempo. Es una odisea que todos vivimos, pero finalmente, igual que Odiseo (Ulises para los romanos), llegamos a casa, aunque lleguemos y nos encontremos, al igual que él, con sorpresas desagradables, sólo tenemos que preparar el arco y acabar con los problemas, aunque a veces sea difícil porque la materia que nos hemos visto a escoger es una ******.

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