¿De donde viene y adonde va la licenciatura de T&I? (III)

Ya vengo diciendo en los posts anteriores que me gustaría hablar del proceso Bolonia y de cómo puede afectar a los estudios de traducción e interpretación. Pues bien, antes de nada, voy a hacer una breve introducción al proceso Bolonia, o proyecto para el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Quizás resulte un pelín denso, pero, sin esto, no podemos hablar de cómo afectará a TeI. Esta iniciativa tiene varias intenciones básicas:

  • – Establecer un vínculo más estrecho entre la formación universitaria y las demandas de la sociedad/mercado (de ahí los modelos de enseñanza centrados en la adquisición de “competencias, es decir, pertrechar al alumno con una serie de aptitudes prácticas y/o teóricas de carácter general, necesarias en casi todos los trabajos, y otras competencias de carácter específico, necesarias para trabajos más especializados. (Por ejemplo, en nuestro campo, una general: capacidad de trabajar en equipo, una específica: manejar Trados).
  • Unificar los diferentes sistemas universitarios europeos en torno a unos criterios comunes para facilitar la equiparación/homologación etc. de cualificaciones (para así fomentar también la movilidad de los ciudadanos de Europa, de ahí el énfasis en la promoción del aprendizaje de las lenguas también).
  • – Invitar a los sistemas más anquilosados a replantearse y reformular sus estrategias de enseñanza-aprendizaje: de universidades en las que todo gira en torno al docente o al contenido que transmite el docente (clases en las que se lee en voz alta un texto y los alumnos copian apuntes que memorizan), a universidades que también conceden un papel muy importante al estudiante (evaluación continua, clases participativas, etc.) (De aquí la iniciativa de crédito europeo que pretende que el trabajo del estudiante fuera de clase sea tutelado de forma individualizada por el profesor y tenga un reconocimiento en cuanto a carga académica).
  • – Mejorar la calidad universitaria para que los centros de investigación y formación europeos puedan competir internacionalmente.

La reforma sobre el papel es bastante prometedora y podría suponer una buena ocasión para darle un empujoncito a nuestra universidad española. No obstante, plantea bastantes cuestiones de aplicación muy difíciles de resolver. Los debates en las universidades giran en torno a las siguientes cuestiones:

  • – ¿Quién pagará los gastos que generará la reforma? ¿Cuánto costará la reforma para que sea realmente efectiva? Porque una reforma educativa requiere dinerito…
  • – ¿Cómo se puede esperar que los profesores aprendan a enseñar de otra manera si no se invierte en formación/concienciación del profesorado? Con este tema, me imagino a profesores que tengan estrategias de enseñanza tradicionales, con clases de 200 alumnos, a los que se les dice de golpe que tienen que tutelar el trabajo de cada uno de ellos, sabiendo sus nombres (que antes nunca supieron), sus puntos fuertes y débiles, no evaluar solo sus resultados finales sino también toda su evolución de aprendizaje, dejar estrategias de formación como leer en alto y tomar apuntes o dar bibliografía y que el estudiante empolle para el examen final, para pasar a ser mediadores de los debates críticos que los alumnos tendrían en sus aulas, fomentar el trabajo en equipo, análisis crítico, evaluación formativa -no evaluar con exámenes finales y ofrecer feedback personalizado para reorientar el aprendizaje del alumno-, etc… Es muy bonito, pero creo que difícil de exigir. Especialmente sin que medie un auténtico esfuerzo para que los profesores no solo sean expertos en las materias que investigan, sino que también adquieran formación didáctica. Actualmente no hay ni siquiera un miserable CAP para profesorado universitario… y en los concursos de plaza se valora sobre todo la producción de investigación, no la formación como docente.
  • – ¿Se reducirá el volumen de los grupos de alumnos para que la tutela individualizada sea viable? ¿Quién podrá tutelar a 250 alumnos de un mismo grupo, con varios grupos de este mismo tamaño, de forma individualizada? Solo se me ocurre un profesor capaz de hacer algo así de forma efectiva, el Profesor Dumbledore (pero ya trabaja en Hogwarts). ¿Podrá la universidad española, desde el punto de vista económico, multiplicar la contratación de profesores para permitir que los grupos se reduzcan?
  • – ¿Qué competencias son las que se deben enseñar? ¿Con respecto a qué criterios? Aquí el debate es si la universidad debe formar para la empresa, para la sociedad, para el humanismo, para la ciencia, para la ciencia que deje dinero, etc.
  • – Y finalmente: ¿Qué pasa con las carreras que tenemos hasta ahora? ¿Subsistirán? ¿Subsistirán como están? ¿habrá que reformarlas, recortarlas o ampliarlas? ¿Qué criterios se aplicarán para tomar estas decisiones? En fin, todo un tomate.

Yo veo que en toda esta coyuntura, la carrera de traducción e interpretación no está muy mal posicionada e, incluso, por las características de nuestros estudios y facultades, parte del trabajo ya lo llevamos hecho. Hay posibilidades de que no salgamos muy mal parados. En el próximo post intentaremos averiguar cómo afectará toda la reforma a nuestros estudios.

Saludos

EC

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