¿De donde viene y adonde va la licenciatura de T&I? (II)

Bueno, este post es continuación del primero que se publicó hace un par de semanas, en el que hacemos un repaso general de la evolución de la carrera, desde sus inicios, hasta el proceso de Bolonia, con todo lo que podrá implicar en el futuro.

Para refrescaros la memoria, en el último post nos quedamos en que a principios de los 90 se aprueba por fin el plan de estudios de la carrera y la carrera se consolida. En la década de los 90, nuestra carrera, que prácticamente era desconocida (aún hoy nos confunden con “¡ah! esos estudios para ser actriz, ¿no?), empezó a experimentar un auge en la demanda de acceso. ¿Qué significa esto? Pues que muchos estudiantes se decidían por TeI al terminar la secundaria, con el resultado de que mucha gente no podía acceder, ya que no había, ni hay aún hoy, plazas para todos los que se sienten llamados por esta carrera.

Así, en el plazo de 15 años, se pasó de menos de 10 facultades públicas y privadas a un total de 25 que tenemos en la actualidad (¡¡unos 1500 licenciados por año!! y la cifra sigue creciendo). La evolución es probablemente la más intensa entre todas las carreras. Lo que antes era una carrera minoritaria, ahora ya no es tal. No obstante, el acceso a los estudios sigue siendo restringido, como sabemos, porque en algunos centros se lleva a cabo una criba por nivel de lengua, mientras que en otros, se entra por nota de corte de secundaria. Actualmente, la carrera de TeI, debido al sistema de numerus clausus (oferta vs. demanda), da los máximos de corte casi todos los años en alguna universidad, con un perfil de estudiantado de alto rendimiento, que accede a la carrera con notas de no menos de 8. (¿Cuánta gente se puede estar quedando fuera?!)

Uno de los motivos por los que la carrera tiene tanta demanda, es por que la gente se la imagina como una formación aplicada a las necesidades de la sociedad y del mercado de trabajo, es decir, porque tiene un enfoque práctico, porque nos enseña un oficio real y fácilmente identificable: el de traductor y/o intérprete. La gente se siente atraída por TeI frente a la opción de las filologías porque asocian las filologías con la única salida profesional de la docencia y con contenidos más teóricos o abstractos (no quiere decir que esto sea realmente así, pero en una encuesta realizada en 2005, vimos que eso es una creencia asentada). La carrera de TeI les parece más “moderna”, por ponerlo de algún modo. Lo cierto es que, clichés aparte, la formación sí proporciona al licenciado una serie de capacidades que facilitarán su inserción laboral. La carrera tiene unos índices de inserción más que alentadores, ya que se encuentra entre las que tienen una mayor proporción de licenciados empleados poco tiempo después de terminar los estudios (esto se desprende de diversos estudios de seguimiento de licenciados, de varias universidades). Ahora bien: no todo el mundo conseguirá ser traductor y/o intérprete, porque la proliferación de centros de TeI ha dado lugar a un proceso de saturación en el mercado. Es decir: la carrera responde a la demanda de acceso, pero parece que no tanto a la demanda de especialistas que hace el mercado. Así funciona la universidad española, en otras carreras también: periodismo es un clarísimo ejemplo de esta falta de previsión. Esta lectura negativa, no lo es tanto en nuestro caso, si tenemos en cuenta que los principales elementos de la formación que recibimos (idiomas, tecnología-informática, movilidad, autonomía de trabajo y trabajo en equipo por igual, capacidad de familiarizarse con nuevos temas de forma rápida “documentación, procesamiento de información- (capacidad de aprender rápido), etc.) coincide casi punto por punto con lo que las empresas buscan. Es decir, con una perspectiva flexible del futuro profesional, los estudiantes sí siguen teniendo buenas bazas de encontrar buenos empleos en los que poner en práctica sus capacidades (comercio exterior, relaciones internacionales, etc., además de traducción/interpretación, localización, docencia, etc.).

En fin, volviendo al plano histórico-analítico, esta época de consolidación (90™s) y, en cierto modo, “auge” de los estudios de TeI, coincide en el tiempo con lo que se ha venido a llamar la crisis de las filologías. Esta supuesta crisis tiene que ver con la idea de “rentabilidad” aplicada al sistema universitario. Resulta que para los administradores de la educación, si la carrera no se masifica, no es rentable. A mi esta idea me espanta bastante. Por eso proliferan ahora las facultades en TeI, porque la gente las solicita, pero no necesariamente porque lo requiera la sociedad. De hecho, mucha gente las solicita para manejar los idiomas de forma práctica, en el mundo de la empresa, pero no necesariamente para ser traductor o intérprete. Creo que el problema no es si las filologías deben o no deben subsistir, sino que probablemente sea necesaria una diversificación de la oferta de carreras en las que los idiomas juegan un papel importante. Personalmente, echo de menos, y creo que el mercado también, que hubiera títulos del estilo de Lenguas Aplicadas o Comercio Exterior (empresariales con enfoque de internacionalización de la empresa + idiomas). Y me parece ridículo plantearse la desaparición de las filologías, porque no se debe olvidar que si desaparecen, solo quedaríamos tres tipos de profesional con lenguas: traductores/intérpretes, maestros de inglés o francés para primaria y diplomados en turismo. De ser así, nos quedaríamos sin especialistas en la docencia de lenguas universitaria y sin prácticamente ningún especialista en otras lenguas que no fueran inglés y francés (alemán, italiano, ruso, árabe!!, chino!!, etc¦). Bueno, es probable que haya que modernizar o reenfocar o mejorar las filologías, pero no creo que la solución sea eliminarlas, porque no tengan tanta demanda de estudiantes.

En el próximo post me gustaría seguir tratando otros aspectos sobre la situación actual de la carrera y recibir comentarios vuestros sobre aspectos generales positivos y negativos que detectéis (no específicos de un centro, sino de los estudios en general). Una vez cerremos este capítulo, pasaremos a analizar entre todos qué pasará con los estudios en el proceso de Bolonia.

¡Saludos!

Elisa Calvo

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