El síndrome del Bosnio

Los programas de movilidad son recursos escasos, pues suponen una gran inversión de dinero, tiempo y trabajo. Por tanto, deberían ser tratados como tales. En T&I esto es indiscutible, pues en muchos casos son la única vía para muchos estudiantes de marchar al extranjero y perfeccionar el idioma.

Desgraciadamente, en un gran número de ocasiones, las estancias en el extranjero se plantean como vacaciones (pagadas por los fondos públicos o no) por los estudiantes que toman parte en ellas. En algunas ocasiones esto se debe al propio estudiante en sí (aunque si se trata de un programa pagado por sí mismo, allá el. El problema es cuando este se paga con fondos públicos). Sin embargo, en un gran número de ocasiones, esto se debe a lo que servidor llama el Síndrome del Bosnio.

Este Síndrome hace referencia a la tendencia de todos los estudiantes que, al marchar al extranjero, tienden a formar grupos con otros estudiantes de su misma nacionalidad (o que hablen el mismo idioma). El término fue acuñado por el director de International House Málaga, cuando intentaba vender un paquete vacacional (sin éxito) a este que os escribe. La frase que recoge el meollo de la cuestión es la siguiente:

Olli, cuando te vayas a Londres, a Roma o a París, lo más importante es recordar en todo momento, que si te preguntan, tu eres bosnio. Y si te encuentras a otro bosnio, tú eres de la parte serbocroata. Y si te encuentras con un bosnio serbocroata¦ pues ya tienes mala suerte tronco

Anécdotas aparte, lo importante cuando se marcha durante una temporada a otro país, es que se hace con un objetivo que debe ser muy claro. Lo primero (idealmente) es aprender o mejorar la lengua del país del destino, y después todo lo demás.

Nosotros, españolitos de a pie, tenemos dos grandes inconvenientes que nos predisponen a sufrir Síndrome de Bosnio. El primero es esa vergüenza de hablar en otro idioma, y de que se rían de nosotros, algo indudablemente muy hispano. Esto causa el segundo, que es agruparse en comunidades de hispanohablantes más o menos cerradas, que en muchos casos no tienen contacto con estudiantes de otras nacionalidades.

Como en todo, el Bosnio se da en mayor y menor grado. Hay quien se ha marchado un año a Alemania y ha vuelto con un alemán aun peor del que tenía al partir de la casilla de salida. Y otros que han renegado de hablar español y han conseguido mejorar (de una vez por todas) la lengua en cuestión.

Con esto no quiero decir que, una vez en el extranjero, reneguemos de patria y lengua, como corsarios de la pérfida Albión. Sin embargo, es importante tener en cuenta que se va a aprender un idioma y una cultura nueva, y no las variedades autonómicas del botellón contadas por sus respectivos representantes. No es una cuestión de opciones, sino ante todo de prioridades.

Recibid un cordial saludo de vuestro hermano en traducciones.

Olli Carreira

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