Mi vida sin mi: Extracurricular

Ya comenté que, a pesar de tener horario de tarde, todos los días tengo algo que hacer por las mañanas (relacionado o no con los idiomas). Se dice que los traductores (o futuros traductores) somos curiosos y que, debido a esto, y a la naturaleza de nuestra profesión (o futura profesión) ganamos siempre al Trivial, al Scattergories, al Tabú o al Palabras Cruzadas. Incluso alguno del gremio ha ganado algún que otro concurso cultural de la tele (ahora mismo me acuerdo de un tal í“scar que permaneció unos 70 programas en Saber y Ganar). En definitiva, esta curiosidad y ganas de aprender de otras disciplinas me lleva a mí y a muchos de mis compañeros a experimentar materias diversas.

En primer lugar, los cursos extraescolares más comunes entre estudiantes de Traducción son los de idiomas. ¿Quién no se ha llenado de entusiasmo pensando en la cantidad de lenguas extranjeras que uno puede aprender? ¡Japonés! ¡Ruso! ¡írabe! ¡Chino! ¡Finés! Ahora mismo, de sólo pensarlo, me entran ganas de correr a una librería y hacerme con un manual de gramática de cualquiera de estos idiomas y estudiármelo, a ver si soy capaz de aprender algo autodidácticamente por una vez. Por esto, precisamente, más nos vale aceptar de antemano que no somos superhéroes y que no podemos compaginarlo todo. Aunque claro, si voy a Chino de 9 a 10 y salgo cuarto de hora antes, quizás me de tiempo a llegar a írabe en la otra punta de la ciudad los lunes y miércoles; además, si no como los jueves, puedo ir a tres horas de japonés intensivo para permitirme una hora libre los martes antes de mis prácticas de conversación de Checo. Me mareo de sólo pensarlo. Mejor conformarme con las clases extras a las que es humanamente posible asistir. Quién tuviera el reloj aquél que consigue Hermione en el tercer libro¦

En fin, yo me he centrado tan sólo en otro idioma fuera de la universidad, como mis compañeros (aunque alguno se atreve con dos lenguas, pero no más). No descarto, de todas maneras, estudiar otros idiomas más adelante. El ruso, por ejemplo, me atrae. Espero tener tiempo más adelante para aficionarme a él. Por cierto, ¿qué fue de la Universidad í‰lfica que iban a construir en la sierra de Madrid junto con un parque temático sobre Tolkien? Juré hace año y medio que cuando la inauguraran allí iba de cabeza y pienso mantenerlo. Quizás si consigo un título puedo especializarme en traducción castellano-quenya y así amplío horizontes profesionales hacia el mercado de los juegos de rol¦ Dejando aparte las bromas, creo que, aunque a los estudiantes de Traducción nos interesen mucho los idiomas, deberíamos centrarnos en uno sólo de momento. Es mejor anclar las bases de los estudios traductológicos primero, que ya habrá tiempo para lo demás.

En cuanto a cursar idiomas fuera de la Universidad (ahora toca un poco de información objetiva), supongo que casi todos nosotros sabemos buscarnos las castañas. Lo más fácil y común es acudir a una Escuela Oficial de Idiomas. Las hay en casi todas las ciudades pequeñas y, en las grandes (como en Madrid capital), se puede encontrar un gran abanico de lenguas para elegir. En las EOI los precios son públicos y suponen una gran ventaja frente a las academias privadas. No obstante, sólo unas pocas imparten clases por las mañanas, algo que a mí me viene muy mal. Otra opción para estudiar idiomas son las academias privadas que he nombrado antes. Hay que tener cuidado a la hora de elegirlas, aunque si uno es bastante trabajador y autodidacta se apañará con lo que sea. Yo me fío más de las conocidas y de las que ofrecen títulos válidos internacionalmente (como las que ganaron el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2005: Alliance Franí§aise, British Council y Goethe Institut, entre otras). Son bien caras, claro. Como he dicho antes, si eres trabajador, puedes arreglártelas con cualquier tipo de curso e, incluso, avanzar un poco en el idioma por tu cuenta. Por último, la tercera opción para estudiar idiomas fuera de la Universidad no se aleja mucho de ella. Normalmente se pueden cursar lenguas extranjeras como asignaturas de libre configuración e incluso algunas universidades tienen departamentos exentos para ayudar a cualquier estudiante a mejorar su segunda lengua, a no olvidarla, o a aprender una nueva (aunque en muchas ocasiones estos departamentos se centran tan sólo en el inglés).

Concluyo ya este artículo sobre cómo estudiar otros idiomas fuera del programa curricular de Traducción. La próxima vez hablaré de lo que algunos estudiamos o practicamos fuera de la carrera, y que nada tiene que ver con ella, ni con los idiomas.

Un saludo.

Irene

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