Una de las realidades a las que cualquier universitario, independientemente de la titulación que estudia, se ha de enfrentar a lo largo de su formación son los “maravillosos” y “queridos” trabajos en grupo.
Es bastante curioso cómo desde hace algunos años, quizás debido a las reformas que el proyecto Bolonia está trayendo consigo y a los nuevos métodos de trabajo puestos en práctica en las empresas, los trabajos en grupo proliferan cada vez en las aulas y en los programas de las asignaturas.
Esta realidad, que a algunos puede agradar e incluso aliviar, pues no se tendrán que enfrentar solos a los intríngulis de las prácticas de clase, a otros les horroriza y provoca enormes dolores de cabeza.
Los trabajos en grupo o en equipo dan lugar a situaciones y experiencias tan variopintas, surrealistas, y a veces tan inverosímiles que, en ocasiones, las anécdotas que contamos parecen sacadas de películas de Hitchcock.
Muchos tiemblan en el momento en el que el profesor anuncia: “haremos prácticas en grupo”. Las preguntas que entonces se te cruzan por la mente suelen ser del tipo “pero, ¿quién los organiza tú o yo?”, “si los organizas tú, ¿será por orden alfabético?, o ¿nos vas a distribuir según nos hemos sentado hoy en clase?”, entonces, inmediatamente después miras a tu alrededor y empiezas a maldecir tu mala suerte por estar rodeado de los más incompetentes, de los que siempre pasan del tema o de aquellos que te caen peor que un grano en el trasero, (es en estos casos, en los más inoportunos, en los que la ley de Murphy siempre hace acto de presencia). (más…)